Hasta 3 de cada 4 mujeres embarazadas notan las encías más rojas, sensibles o sangrantes. Es la gingivitis gestacional: aquí explico por qué ocurre y qué hacer para calmarla sin riesgos.
Durante el embarazo, el cuerpo cambia de mil maneras visibles, pero hay una que se pasa por alto con frecuencia: las encías. No es raro empezar a ver un poco de sangre al cepillarse, notar las encías más rojas de lo habitual o sentir molestia al comer. Este cambio tiene nombre clínico —gingivitis del embarazo o gingivitis gestacional— y, aunque es muy común, no hay que restarle importancia ni tampoco alarmarse en exceso. Como dentista, veo este cuadro en la consulta prácticamente todas las semanas, y quiero explicar con claridad por qué ocurre y qué se puede hacer para aliviarlo de forma segura en cada etapa de la gestación.
La gingivitis gestacional es una inflamación de las encías que aparece o se intensifica durante el embarazo. Los estudios sitúan su frecuencia entre el 30% y el 75% de las gestantes, lo que la convierte en una de las molestias bucales más comunes de esta etapa. Suele empezar alrededor del segundo mes de embarazo, alcanza su punto máximo hacia el octavo mes y, en la mayoría de los casos, disminuye después del parto.
No es una enfermedad distinta a la gingivitis que puede sufrir cualquier persona: es la misma respuesta inflamatoria de la encía frente a la placa bacteriana, pero amplificada por los cambios hormonales propios del embarazo.
La razón principal tiene nombre y apellido: progesterona y estrógeno. Durante el embarazo, los niveles de estas hormonas aumentan de forma considerable, y ese aumento afecta directamente al tejido de las encías de varias maneras:
En resumen: no es que la higiene bucal empeore durante el embarazo, es que las encías se vuelven más sensibles a la placa que ya estaba ahí.
Un dato que tranquiliza
La gingivitis gestacional no significa que algo esté “mal” con el embarazo. Es una respuesta fisiológica esperable ante el cambio hormonal, y en la gran mayoría de los casos se resuelve sola tras el parto si se mantiene una buena higiene bucal durante la gestación.
La gingivitis del embarazo suele presentarse de forma gradual. Las señales más frecuentes son:
En algunas gestantes, sobre todo entre el segundo y el tercer trimestre, puede aparecer un pequeño bulto rojizo en la encía, entre dos dientes, llamado épulis gravídico o granuloma piógeno del embarazo. Suele ser indoloro, sangra con facilidad y, aunque su aspecto puede preocupar, casi siempre es benigno y tiende a reducirse después del parto. Aun así, conviene que lo revise un dentista para confirmar el diagnóstico y descartar otras causas.
La buena noticia es que la gingivitis gestacional responde muy bien a medidas sencillas, todas seguras durante el embarazo. El objetivo es reducir la cantidad de placa bacteriana para que la encía tenga menos motivo para inflamarse.
Beber suficiente agua ayuda a mantener la producción de saliva, que actúa como defensa natural frente a las bacterias. Además, conviene moderar los snacks azucarados frecuentes —tan comunes en el embarazo por las náuseas o los antojos—, ya que cada exposición al azúcar alimenta a las bacterias que producen placa. Si tienes náuseas matutinas y vomitas, enjuágate la boca con agua o un poco de bicarbonato diluido antes de cepillarte, para no cepillar el esmalte justo después del contacto con el ácido gástrico.
Sí, y de hecho es recomendable. El segundo trimestre suele ser el momento más cómodo para recibir tratamiento dental de rutina, incluidas limpiezas y radiografías con protección adecuada cuando son necesarias. Ni la limpieza dental ni la anestesia local habitual usada en odontología representan un riesgo para el embarazo cuando se realizan de forma correcta. Postergar el cuidado dental por miedo a que “no sea seguro” es, paradójicamente, lo que más puede dejar avanzar la inflamación.
Cuándo conviene consultar sin esperar
Pide cita con tu dentista si notas dolor intenso, un diente que se mueve, sangrado abundante y espontáneo (sin haberte cepillado), un bulto que crece rápido, fiebre, o si la inflamación no mejora después de dos o tres semanas cuidando la higiene bucal. La gingivitis no tratada puede progresar a periodontitis, y se ha relacionado con mayor riesgo de parto prematuro y bajo peso al nacer, por lo que merece atención real, no solo paciencia.
